Vae victis!

Estamos en medio de la Gran Confusión, donde las fuerzas en liza aparentan diferencias irreconciliables y en el caos, las gentes de a pie están perdiendo los referentes ideológicos a los que asirse. Para lograrlo, ha resultado imprescindible escenificar una confrontación de valores con todos los medios al alcance. Esta no es una batalla entre buenos y malos, es una guerra sin cuartel por el poder, con ramificaciones hasta en el opaco mundo del deporte de élite (escándalo de la Federación rusa con la AMA, filtraciones de Fancy Bears…), o el espionaje electrónico (Panama Papers, emails de Podesta…).

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La labor que han realizado los diversos agentes y medios en esta crisis es tan sinuosa como compleja. Es tal su falta de escrúpulos que han sido incluso capaces de valerse de todas las luchas que legítimamente se oponen al establishment (el poder establecido, la tiranía económica, la élite dominante…) para su objetivo último, que no es otro que alcanzar un poder absoluto sin precedentes en la Historia. Sin precedentes por la dimensión de su expansión y por su capacidad de destrucción.

Para ello, incluso se están valiendo de todas las luchas justas y nobles del ser humano: la ecología, la soberanía de los pueblos, la lucha obrera, el feminismo, la solidaridad con el oprimido, los derechos de las minorías, el pacifismo, el amor a los animales, el antirracismo, la cultura… uno y otro bando (que en realidad son el mismo) se valen de estas luchas para polarizar y fragmentar a sus oponentes verdaderos: nosotros.

¿Cómo se puede pretender presentar a Trump como un elemento anti-establishment? Un tipo enriquecido gracias al propio sistema que dice atacar, llevado en volandas a la popularidad por el cine y la televisión, un personaje con los mismos vicios y métodos de las élites que aparentan estar en su contra. Sus predecesores en el cargo (también su rival electoral) presentan perfiles similares en cuanto a falta de escrúpulos, desprecio a la vida ajena, falta de empatía, brutalidad, psicopatía, ambición… la imagen cambia, la esencia es la misma.

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We came, we saw, he died”. Esto es lo que hace reír a Hillary. Esto no es empoderamiento femenino, es psicopatía.

Hillary Clinton fue aupada por los medios masivos como adalid del feminismo, en contraposición a la misoginia de Trump. ¿Hasta que punto es ese feminismo real? Un sólo ejemplo: la guerra de Libia de 2011, fue la guerra de Hillary Clinton, Secretaria de Estado de Obama en esa fecha. Ella fue la entusiasta impulsora de la invasión que provocó la muerte de al menos 50.000 personas, incluidos mujeres y niños. El derrocamiento de Gaddafi ha traído como consecuencia una espantosa guerra civil sin visos de acabar. ¿Y cuál es la opinión de Hillary respecto a esto? “Fuimos, vimos y él murió”, dijo a la entrevistadora de CBSNews tras lo cual las dos rieron sonoramente. La sororidad mal entendida. Ella siempre se ha declarado feminista, pero oponerse a su hipocresía ¿es declararse contrario al feminismo? No, no y mil veces no. La lucha feminista es una lucha justa, si hace falta decirlo, se dice.

El presidente saliente es todo lo contrario en cuestión de imagen a Trump: educado, pulcro, elegante, sus palabras son medidas, sonríe cuando debe hacerlo, llora cuando es preciso y hasta tiene un Premio Nobel de la Paz. Pero su gestión es un ejemplo de barbarie militarista e intervencionista sin parangón: dos mandatos continuos en guerra permanente, miles de mujeres, hombres y niños asesinados por orden directa suya mediante bombardeos y ataques con drones (7 países atacados con esta cobarde táctica), un mundo en llamas debido a las agresivas políticas establecidas por su gobierno, guerras promovidas por su Departamento de Estado (Ucrania, Siria, Libia…), grupos terroristas fanáticos creados y armados por los servicios de inteligencia estadounidenses (confirmado por el mismísimo John Kerry, Secretario de Estado de Obama, durante una conversación en la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, como puede escucharse en un audio filtrado en la red)…

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John Kerry es agasajado por las masas movilizadas por el establishment. Es evidente que ignoran lo que ha hecho este personaje.

En principio, no parece tarea sencilla presentar a Trump como un elemento anti-establishment, para empezar es necesario un trasfondo de crisis económica, descontento popular, hartazgo con el poder establecido… igual que en la República de Weimar antes del ascenso de Hitler. Después de esa primera fase, es donde entra la campaña anti-Trump, emparentada con la campaña anti-rusa. Los medios masivos asociados al establishment apoyan e incitan esta campaña hasta niveles de paroxismo, provocando la polarización absoluta de la sociedad. La dicotomía de pensamiento inducido ha logrado que una persona que aborrezca a Trump tome partido por Hillary Clinton. Y viceversa. O que se apoye a Trump porque este apoya a Putin que es el único que combate a Daesh que es apoyado por la Administración Obama. Si alguien odia a los gays es fan de Putin. Si es feminista, va con Hillary. ¿Acaso se acepta que un vegetariano se puede convertir en nazi por compartir dieta con Hitler? No, por supuesto, porque eso es absurdo. Gracias a todo esto el activismo a pie de calle ha llegado al “si no estás conmigo estás contra mí”, el reflejo de una sociedad completamente fragmentada y polarizada. Cuando la verdad es que ambos polos en aparente disputa representan los mismos fines políticos, esos que nadie ha proclamado durante sus mentirosas campañas.

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El presidente anti-establishment. Risas enlatadas

No se debe olvidar que Hillary Clinton es el establishment. Obama es el establishment. George Soros es el establishment. Rupert Murdoch es el establishment. Trump es el establishment. Hollywood es el establishment. El deporte de élite es el establishment. Fox es el establishment. La Sexta es el establishment. El Washington Post es el establishment. El Diario Vasco es el establishment. Putin y RT, son el establishment del polo opuesto, el que busca las debilidades de su rival y se aprovecha de su decisiva intervención en Siria, de la incontable cantidad de veces que ha dejado a la Administración Obama en ridículo y de la histeria anti-rusa para intentar abanderar a los descontentos con el establishment occidental. Su poco disimulado apoyo a Trump (disfrazado de movimiento puramente táctico) nos da pistas de la situación.

A vista de todo esta campaña de confusión, no resulta tan extraño que cierta izquierda vea con buenos ojos el contrapeso de Putin a la hegemonía estadounidense y que la ultra-derecha europea, tradicionalmente anti-rusa, haya caído en brazos del Supremo Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa. Esto, evidentemente, es un síntoma de la esquizofrenia ideológica a la estamos siendo sometidos.

Todas las aparentes diferencias ideológicas de los bandos hegemónicos son un sofisticado engaño que está consiguiendo polarizar las luchas legítimas hacia uno de los bandos. Esto nos ha llevado a una situación caótica, que tiene todos los visos de ir empeorando en el futuro inmediato. Es una guerra de los poderosos contra nosotros en la que tenemos todas las de perder. ¿Retorcido? Sí, pero ¿qué otra explicación cabe? Atentos al siguiente movimiento de fichas en Europa.

Vae victis! (¡Ay, de los vencidos!)