EL SUSURRO DEL VIENTO (y la delimitación del campo de batalla)

Ya hace casi un año que acabé de grabar y editar el vídeo de esta canción que les presento al final del texto… El tiempo vuela, al igual que lo hace el viento.

Todavía recuerdo el día en que la melodía y los acordes vinieron a mí en la soledad del local de ensayo, casi de la misma manera en que se puede oír ahora. Entre los sonidos, ritmos y armonías están insertas muchas vivencias personales, muchos lugares, muchas personas especiales… visiones de mundos ocultos y mundos visibles.

La palabra y la imagen, que es lo que se usa en este blog como forma de comunicación, presentan limitaciones enormes en comparación con otras artes. Aquello que no me es posible explicar con palabras, lo intento hacer con esta humilde pieza de música. Apoyo los sonidos con imágenes, es cierto, pero estas últimas no son imprescindibles.

No es broma que la música ha sido usada desde hace centurias como medio de proteger un orden preestablecido. Tampoco es broma que la música es un medio poderosamente subversivo. Esto lo conocen los enemigos de la humanidad libre mejor que nadie. Ellos han conseguido domesticar cualquier expresión de rebelión y usarla en su favor. Escuchen la música de moda y nieguen mi aseveración si son capaces. Por suerte, se sigue creando al margen de la comercialidad y más allá de los límites en los que nos pretende encerrar el Zeitgeist de esta decadente civilización.

No hay enemigo más dañino para la libre creación que el mecenazgo, principal impulsor de la ilusión de la fama y la fortuna. Es cierto que grandes creadores fueron (y son aún hoy) capaces de ofrecer una mirada trascendente a pesar de tener que rendir pleitesía a sus mecenas: Leonardo, Michelangelo, Goya, Beethoven, Mozart, Kubrick, Hendrix… También es cierto que sus mecenas aumentaron su poder hasta límites desconocidos gracias a las obras de sus protegidos. Aún hoy siguen obteniendo beneficio (económico y de psicología de masas) de estas obras. No deja de ser llamativo que las mujeres creadoras (como por ejemplo la gran Violeta Parra) hayan sido mucho más libres a la hora de crear, a pesar de la falta de apoyo de mecenas poderosos y la obvia menor repercusión.

En el fondo de cada corazón se conoce la verdad. Otra cuestión es el auto-engaño. Ars gratia artis… El arte por el arte no es más que una impostura de los tiempos modernos.

Seguir al rebaño por la senda marcada es un error de concepto. ¡Un trágico error! Quien domina una herramienta como un pincel, un instrumento musical, la pluma, el cincel, la aguja… tiene un deber consigo mismo y con su entorno. Este deber es la búsqueda de la voz propia a través de la herramienta. Nunca al revés. No se debería glorificar la guitarra por si misma, al final esta es sólo un medio a través del cual se expresa lo que es común a todo ser humano. Sin los dedos del ejecutante, la guitarra no deja de ser un mero objeto. Sin la voluntad creadora del músico, los dedos sólo ejecutarían ejercicios sobre las cuerdas. Prestidigitación sin contenido. Es necesario tener algo que contar. Y es necesaria la valentía para contar ese algo.

Todo esto no es una cuestión de egoísmo, muy al contrario. En realidad, como individuos no somos tan únicos ni especiales, hay algo que nos relaciona a todos, que nos es común. Seguir al rebaño nos aleja más de aquello que nos es común, aunque parezca paradójico. Hay más originalidad en la música tradicional que en la música de moda. Como decía Gaudí, la originalidad consiste en regresar al origen. En el arte de los días presentes se suele caer en este error de comprensión con demasiada habitualidad. Hay que responderse a esta pregunta con total sinceridad: ¿para qué hago esto?

El arte musical permite al creador delimitar el campo de batalla a su propia voluntad. Sea aprovechada esta ventaja entonces. ¿Para qué malgastar el tiempo queriendo sonar como otros, intentando encajar en géneros musicales ya existentes, copiando al milímetro obras creadas con anterioridad, siguiendo las modas? Evidentemente, un camino que está asfaltado es más sencillo de transitar. Hay quien dirá que esta pieza que les presento le recuerda a alguna otra ya existente. No me consta, pero las influencias tienen que estar ahí. Yo la escuché así en mi interior y así la desarrollé. El concepto de propiedad intelectual es sólo una extensión legal del ansia de rapiña comercial capitalista, con raíces que se pueden rastrear en el Renacimiento.

El creador tiene la obligación militante de buscar su propia voz. No se le exige que la encuentre, únicamente se le pide que la busque. La búsqueda (sea cual sea el objeto de deseo) es lo que nos hace humanos, y esta es una búsqueda que nunca tiene final. Y que así sea.

A fin de cuentas ¿qué es la música, sino el susurro del viento?

 

 

Su padre es el Sol y su madre la Luna. El Viento lo lleva en su vientre. Su nodriza es la Tierra.

 Hermes Trismegistus

Tabula Smaragdina

 

 

 

 

P.S.: Esta entrada va dedicada al gran artista INOR (“nadie” en el idioma vivo más antiguo de Europa, nuestro pequeño tesoro), quien prestó su destreza y conocimiento musical a esta pieza, mediante su cuidada interpretación a la batería. INOR, el más aventajado de los compañeros de armas en este combate musical sin cuartel. Reseñaremos su obra con detenimiento más adelante.

El uso del euskera en nuestra actividad creativa la considero una opción completamente militante, pero por razones distintas a las que pudieran pensarse. Un idioma es universal. Cuando muere un idioma, muere algo de la cultura universal, muere algo de un conocimiento ancestral nacido en la noche de los tiempos. Si todos cantásemos en inglés o castellano (con las excusas de siempre, que si es la sonoridad adecuada para tal género, que si la proyección internacional…) las diferentes formas de pensar y ver el mundo se irían uniformizando, hasta engendrar un ser humano sin raíces ni identidad y ausente de su propio ser. ¿Seremos colaboracionistas con la labor globalizadora imperialista de nuestros enemigos en la única pequeña parcela en la que podemos ser libres? ¡No cuenten con nosotros!

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